Palacio de Elsedo

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Perdido en medio del entorno rural de la Cantabria montañesa, en un punto poco frecuentado y donde no parece fácil encontrar joyas de nuestro patrimonio artístico se localiza el palacio de Elsedo, un monumento curioso, extraño y singular de nuestro Barroco final.

Lo manda construir Don Francisco Antonio de Hermosa y Revilla, primer conde de Torrehermosa, caballero de Calatrava y alto dignatario de Felipe V, tomando como base de partida una casona que ya existía en el apartado lugar de Pámanes, próximo a la villa de Liérganes, en pleno corazón de Cantabria.

De la construcción, comenzada a partir de 1710 y prolongada probablemente hasta mediados de siglo, se encarga el maestro cantero Francisco de Agüero, que haría las veces de maestro de obra, y que ya había trabajado en la Capilla de Alfonso el Casto y el Panteón Real en la Catedral de Oviedo.

A la vieja casona se añaden toda una serie de edificaciones que complican la estructura final del edificio, pero de todas ellas habría que destacar principalmente tres: la portalada de entrada, con su portada monumental y un pórtico columnado de orden toscano; la capilla, que cuenta a su vez con otra portada monumental y presenta planta de cruz latina (aunque de lados muy cortos), cabecera poligonal, y un potente almohadillado bícromo en su mampuesto exterior; y una soberbia torre octogonal, que viene a ser la referencia visual del Palacio y su elemento más característico. Se trata en este caso de una construcción de tres alturas, con las esquinas en chaflán, pilastras acanaladas en las esquinas y una cornisa volada desde la que guardan el palacio, vigilantes, tantas gárgolas como lados tiene la torre.

En fin, un edificio precioso, que surge en medio de los prados y las vacas como una aparición hermosa y sorprendente. Tampoco es de extrañar por ello que el palacio quedara pronto relegado al olvido y a un deterioro inevitable, teniendo en cuenta además que una vez construido nunca llegó a ser habitado por sus dueños. Abandonado y descuidado, incluso llegó a crecer una higuera en medio de la capilla, que se abrió paso sin problemas derribando la techumbre, en un ejemplo más de tantos como habido, de desidia hacia nuestro patrimonio artístico.

Afortunadamente, la imponente presencia del palacio suscitó el interés de algunas familias que quisieron afrontar en la medida de sus posibilidades la recuperación del edificio. Así, el artista austriaco Luis Krassning, que lo adquiere en 1958, y más adelante los hermanos José Luís y Jesús Santos Díez, gracias a los cuales el palacio se remoza y restaura convenientemente, se declara Monumento de Interés Cultural en 1983, y se convierte en Museo de arte español contemporáneo, gracias a la propia colección de la familia que se dona generosamente al palacio. A lo cual habría que añadir en la capilla la escultura funeraria del fundador, Francisco Antonio de Hermosa, y las estatuas orantes de Joaquín y Agustín de Hermosa, así como una magnífica colección de piezas románicas y góticas que se exhiben también en el mismo lugar.

Gracias a lo cual, visitar hoy el Palacio de Elsedo, en Pámanes, Cantabria, es una de las satisfacciones más pintorescas de las muchas que nos ofrece aquella maravillosa tierra.

 

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