Palmira destruida

Palmira fue una ciudad estratégicamente situada en las rutas caravaneras que unían el Mediterráneo y el próximo Oriente, y que alcanzó una enorme prosperidad a partir del S. I, cuando se convierte en provincia romana. Es de este periodo del que se conservan en la ciudad toda una serie de restos arqueológicos que justificaron sobradamente su designación como Patrimonio de la Humanidad en 1980.
Se trata por tanto de un magnífico yacimiento arqueológico, que ha gozado durante las últimas décadas de la admiración de cuantos se han acercado a visitarlo. Entre sus monumentos más importantes habría que destacar el Teatro romano; buena parte del cardo y decumano de la ciudad, que se conservan parcialmente; el Templo de Bel; restos del foro; el Tretapylon, en realidad un monumento que convergía en un cruce de caminos y que por ello abría cuatro puertas a cada uno de sus accesos; ruinas de otro templo de advocación desconocida; así como la necrópolis, situada en una elevación a la salida de la ciudad y destacada por sus grandes torres macizas.
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Belleza, historia y patrimonio. Todo eso era Palmira, pero de nada ha servido frente a las hordas fanáticas e ignorantes del Estado Islámico que sistemáticamente han ido destruyendo los restos de la ciudad desde que la conquistaron en mayo de este año. Primero convirtieron el teatro en lugar de torturas y ejecuciones de la que no se libró el propio director del yacimiento, Khaled Assad, degollado allí mismo el 18 de agosto pasado. El 24 de agosto volaron el Templo de Bel. Hoy mismo acaba de saberse de la destrucción del arco de triunfo abierto en una de las avenidas principales de la ciudad romana.
Palmira está condenada y sus restos arqueológicos a punto de desaparecer. Solo desde la ignorancia y la brutalidad se puede cometer semejante barbarie. Y por más que se aluda al deseo de propaganda que adquieren los yihadistas de esta forma, y también (digámoslo todo) al lucrativo negocio que ellos mismos hacen con algunas de las piezas del yacimiento, que lejos de destruirlas las revenden al mejor postor, esas no son las razones. La única razón es su estupidez. Cuando hablan de destruir “los símbolos de la idolatría pagana”, es su estupidez. Cuando proclaman su fanatismo, claman su estupidez. Incluso cuando respiran, están manifestando su asquerosa e infinita estupidez.
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https://youtu.be/Glpi00D-LzA

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