Propuestas revolucionarias urbanas

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“En la dura posguerra de 1815 en adelante, nacen algunas propuestas revolucionarias, políticas y urbanísticas para cambiar al mismo tiempo la organización social y el conjunto de equipamiento. La sociedad tradicional produce el dualismo entre ciudad y campo; la nueva sociedad debe producir unas instalaciones nuevas, de medidas calculadas, intermedias entre una ciudad y una fábrica: suficientemente pequeñas para poder organizarse de forma unitaria, pero lo suficientemente grandes para poseer una vida económica y cultural completa y autosuficiente.

Robert Owen (1771-1858), rico industrial inglés, propone la organización de un grupo aproximado de 1200 personas, en un terreno agrícola de 500 hectáreas. Las casas formarían un cuadro; tres lados serían destinados a viviendas unifamiliares para matrimonios de los niños, a enfermería y hotel. En el espacio central se preveían los edificios públicos: la cocina con restaurante común, escuela, biblioteca, lugar de reunión para adultos, espacios verdes para recreos y campos de deportes. A lo largo del perímetro exterior, los jardines de las casas y un anillo de calles; más allá, los establecimientos industriales, los almacenes, la lavandería, la cervecería, el molino, el matadero, los establos y los productos rurales. No habría ni tribunales ni prisiones porque la nueva sociedad no los necesitaría.

Este proyecto fue presentado entre 1817 y 1820 al gobierno central inglés y a las autoridades locales sin ningún éxito.

Owen provó de llevarlo a la práctica por cuenta propia en América: compró en 1825 un terreno en Indiana donde debería surgir el primer pueblo-modelo; pero debió adaptarlo a un pueblecito ya existente y el experimento fracasaría pocos años después.

Charles Fourier (1772-1837) es un escritor que publica en Francia, durante la Restauración, el proyecto de un nuevo sistema filosófico y político. Hace una clasificación de las “pasiones” que producen las relaciones humanas y propone un grupo suficiente que active todas estas relaciones formado por 1620 personas de diversa posición social; este grupo –llamado Falange—deberá poseer un terreno de una legua cuadrada (250 hectáreas) y habitar en un gran edificio unitario, el Falansterio. Fourier lo describe minuciosamente: es un edificio monumental en forma de Ω, como Versalles, con un patio central y varios patios menores. La planta está atravesada por pasadizos por los que penetran los coches, mientras que por la primera planta discurren las galerías cubiertas que comunican todos los demás locales, sustituyendo las calles. Los adultos se alojan en los apartamentos de las plantas segunda y tercera; los niños se concentran en el entresuelo y los visitantes en la buhardilla.

Este modelo por lo que tiene de comprometido tuvo un poder de fascinación extraordinario en muchos países; las tentativas de llevarlo a cabo alcanzan las cincuenta, en Francia, en Rusia, en Argelia y en América en los años comprendidos entre 1830 y 1850. Más adelante, durante el Segundo Imperio, un industrial de Guisa, Juan Bautista Godin, construye para sus obreros un edificio muy modesto inspirado en el Falansterio de Fourier, llamado Familisterio (en que cada familia poseía una vivienda unifamiliar). El edificio principal comprendía tres bloques cerrados de cuatro plantas y los patios no excesivamente grandes iban cubiertos por cristales y cumplían la función de calles interiores. Los servicios –las escuelas, el teatro, la lavandería, los baños públicos y los laboratorios—se encontraban en edificios anexos y el conjunto quedaba aislado por un parque rodeado por la ensenada de un río. A partir de 1880 el edificio y el Familisterio pasaban a ser administrados por una cooperativa de obreros.”

(Leonardo Benevolo: “Diseño de la ciudad. El arte y la ciudad contemporánea”. 1982.)

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