Raíces de la arquitectura industrial

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“Hay otra cuestión que puede tener influencia aquí: en la propia universidad, el racionalismo y el neoclasicismo nunca están muy distantes. Productos de una misma época de desarrollo arquitectónico europeo en la Era de la Razón, han estado redescubriéndose recíprocamente desde entonces. Por ello, cuando la industria racional de la última época victoriana intentó otorgarse decoro y dignidad arquitectónica, no tenía por qué añadir abundante ornamentación (cosa que podría haber alarmado a los clientes, que eran consciente de su coste): podía contemplar la doble tradición de racionalismo y neoclasicismo, de idiosincrasia constructiva y aprendizaje convencional, y redescubrir —como habían hecho Piranesi y Sir John Soane mucho antes— la autoridad de la construcción romana desnuda y sin adornos.

Si hubiera que buscar un monumento romano que tuviera el prestigio apropiado y fuera relevante para estas aspiraciones industriales, sería sin ninguna duda la basílica de Tréveris, del siglo IV, cuyos muros laterales son un perfecto modelo para la construcción de pilares de ladrillo. Parece dudoso, aunque no imposible, que hubiera algún constructor americano de fábricas familiarizado directamente con la basílica, aunque era fácil encontrar ilustraciones de ella en muchas bibliotecas de escuelas de arquitectura y facultades de arte. En cierta medida, no siempre observada, tal conocimiento del pasado histórico servía para reforzar la destreza y el intelecto de los arquitectos industriales cuando lo necesitaran. Al igual que ocurre con muchas otras prácticas de la tradición que serían la base de la obra de innovadores como Ransome, es posible que la magnífica, aunque austera, ventana romana de Leroy Buffington tuviera toda una historia tras ella”.

(En: Reyner Banham: “La Atlántida de hormigón. Edificios industriales de los Estados Unidos y arquitectura moderna europea, 1900-1925”, 1989)

(*)IMAGEN DE CABECERA: La basílica de Constantino, o Aula Palatina, de Tréveris (Alemania) (datada en 310) (de 67 metros de largo, 27´5 metros de ancho y 30 metros de altura), servía como salón del trono de Constantino I el Grande.

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