Rapto de Proserpina

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Rapto de Proserpina.

Proserpina es una diosa de la mitología romana cuyo equivalente en Grecia sería Perséfone. Es hija de Júpiter y Ceres (Zeus y Deméter en la mitología griega), y cuyo mito de su rapto por Plutón (Hades en Grecia) dios del Infierno, es en realidad una metáfora del ciclo de la primavera.

Es el deseo de encontrarle pareja a Plutón, que vivía solo en el reino de la oscuridad y el infierno, lo que explica la intervención de Venus la diosa del amor, que manda a Cupido a que lance sus flechas sobre aquél. Y es por ello que estando Proserpina en Sicilia bañándose feliz con otras ninfas, Plutón la vio y se enamoró de ella, surgiendo de pronto por la boca del volcán Etna y raptando a Proserpina para casarse con ella y convertirla así en la reina del infierno. Proserpina forcejeó con ahínco por liberarse de Plutón, gritó para que su madre fuera en su ayuda, pero todo fue inútil pues rápidamente Plutón la arrastró hasta las entrañas de la tierra donde vivía.

Al desaparecer Propserpina, su madre Ceres empezó a buscarla desconsolada por todo el orbe sin encontrar ni rastro de ella. Con el paso del tiempo su tristeza y enojo fue en aumento, y como ella era precisamente la diosa de la tierra y de su capacidad de germinar, según se iba enfureciendo iba agostando los campos que pisaba, convirtiendo en desierto los lugares por los que pasaba.

Así las cosas, la tierra podía convertirse en un erial, por lo que Júpiter decidió tomar cartas en el asunto y mandó a Mercurio, el mensajero de los dioses, a convencer a Plutón de que liberara a Proserpina. Pero Plutón no estaba dispuesto a desprenderse de su esposa tan fácilmente y por ello obligó a Proserpina a comer seis semillas de granada, la fruta que simboliza la fidelidad. Con ello consiguió que Proserpina repartiera su vida entre su madre y su esposo, de tal manera que seis meses estuviera con Plutón y seis meses con su madre Ceres.

Este es el origen de la primavera, pues cuando Proserpina vuelve con su madre, Ceres decora la tierra con flores de bienvenida, pero cuando en el otoño vuelve al Hades, la naturaleza pierde su fronda como si se contagiara de la tristeza de Ceres.

Aunque la metáfora del rapto de Proserpina tiene también otras lecturas: simboliza el enfrentamiento entre contrarios, en una imagen universal de la dialéctica, representada en este caso por los binomios fuerza-fragilidad, hombre-mujer, tosquedad-delicadeza, brutalidad-sensibilidad, fealdad-belleza, lascivia-inocencia, o violencia-sumisión, que simbolizan respectivamente Plutón y Propserpina. Incluso podría ampliarse la interpretación a cuestiones de mayor trascendencia, como la dualidad oscuridad-luz, violación-angustia, vicio y virtud, o los conceptos de muerte y vida, que también ambos encarnan. En este sentido, el relato es también una simbolización del mito del eterno retorno, que tiene en la representación del ciclo muerte-resurrección una manifestación universal, recurrente en tantas religiones y creencias.

Un mito tan bonito como este ha tenido una amplia representación en la Historia del arte. En el campo de la escultura es especialmente conocida la versión de Gian Lorenzo Bernini, probablemente la obra que mejor reproduce esa dualidad de contarios que acabamos de comentar. En pintura hay más variedad de versiones, así el Rapto de Proserpina de Rembrandt, el de Rubens, el de Durero en forma de grabado, el de Luca Giordano, o la Proserpina de Rossetti, entre otras muchas.

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G.L. Bernini: “Rapto de Proserpina”

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P.P. Rubens: “Rapto de Proserpina”.

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