Sabías que… Rubens versus Rembrandt

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En varios momentos de la Historia del arte se han producido rencillas y enfrentamientos entre grandes artistas que hubieron de compartir la gloria y la fama a un mismo tiempo. Tal vez el caso más conocido sea el de Gian Lorenzo Bernini y  Francesco Borromini, pero no fue el único. Menos dramático y de una rivalidad menos personal, también es significativo el contraste de personalidades que se da entre los dos pintores más importantes del Barroco en los Países Bajos: Pedro Pablo Rubens y Rembrandt van Rijn.

Ya sus orígenes no pueden ser más distintos: mientras Rubens se forma en una familia católica de las Provincias del Sur (Flandes), de elevada posición social, Rembrandt es hijo de un molinero y de la hija de un panadero. Mientras Rubens a los veinticinco años ya llevaba dos viajando por Italia, Rembrandt nunca se trasladó más allá de Amsterdam.

Rubens hablaba cinco idiomas y fue embajador en distintas cortes europeas, lo que le otorgó un don de gentes que le acercó a lo más granado de la Europa del momento. Rembrandt sólo conocía el holandés y sus clientes se movían en el ambiente burgués de la Holanda de la época.

No obstante, uno y otro alcanzaron en su primera madurez un notable éxito con su obra pictórica, Rubens con su estilo característico, ampuloso y agitado, y Rembrandt, con una aportación de pincelada volátil, de contraste lumínico y de perspectiva aérea que le convertirían en uno de los tres grandes genios del Barroco, junto a Velázquez y Caravaggio. Fue entonces cuando pudo permitirse el lujo de comprarse una casa en Amsterdam, y cuando tuvo al alcance de su bolsillo ir atesorando una importante colección de obras de arte, lo mismo que Rubens, que asimismo poseía para entonces una finca urbana y una magnífica colección de arte. Es en esa etapa cuando la vida de ambos artistas más se aproximó, al estrecharse la distancia entre la fama y el prestigio de ambos.

No iba a durar mucho tiempo esta situación, sobre todo por la diferente personalidad de ambos, pero también por la fuerza del destino o de la suerte, que no fue igual para ambos. Las compras indiscriminadas de Rembrandt y su poco juicio en los gastos, le llevarían a la quiebra en 1565. Aunque en ello influyó también su declive artístico, en el que tuvo mucho que ver el devenir de su vida: en 1642 murió su esposa Saskia, entrando en su casa como criada y niñera de su hijo Hendrickje Stoffels, que pronto se convertiría en su amante. Unas relaciones que Rembrandt nunca legalizó, lo que le enfrentó a la Iglesia protestante y al puritanismo de una sociedad que desde entonces empezó a darle la espalda. Falto de encargos, Rembrandt se vio obligado a vender todas sus propiedades y su colección artística, derivando irremediablemente hacia la penuria y el olvido.

Entre tanto Rubens, también había enviudado de su primera esposa, Isabel Brandt, pero no hubo escándalo ninguno en su segundo matrimonio con Helena Fourment, a pesar de ser una joven de dieciséis años a la que había conocido desde niña.

El final de ambos también fue muy distinto. Rembrandt murió a los sesenta y tres años en la pobreza absoluta, e inmerso en una melancolía producto de su segunda viudedad y de la muerte de su hijo Titus. Aunque es verdad que esa libertad artística que le procuró la falta de encargos dio al traste con el Rembrandt más innovador. Rubens murió a la misma edad, pero rico, famoso y honrado por cortesanos y plebeyos.

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