Sabías que… El Estadio Panathinaiko de Atenas

No muy lejos del Templo de Zeus Olímpico (el Olimpeion de Atenas), se encuentra el Estadio Panathinaiko, un lugar que aúna la memoria de un resto arquitectónico más de época clásica y un punto de valor simbólico para los amantes del deporte.
El estadio se construyó para que allí se celebraran las pruebas atléticas de los Juegos de las fiestas Panateneas dedicadas a la patrona de la ciudad, la diosa Atenea. En origen por tanto, no se diferenciaría demasiado de los otros similares construidos en Olimpia, Delfos o en el Asclepeion de Epidauro, sedes respectivas de los juegos Olímpicos, Píticos e Istmícos. Ya en el S. IV a.C, el arconte Licurgo lo renovó y amplió, sustituyendo buena parte del graderío de madera en asientos de mármol. En época romana aún fue de nuevo ampliado por Herodes Ático en el S. II, si bien pronto caería en desuso hasta su postrer decadencia, acentuada durante la época de dominación turca.
Semienterrada su estructura original y cubierta de matojos pervivió como tantos otros restos de la ciudad de Atenas, hasta que a mediados del S. XIX despertó la atención de aquellos que paralelamente al deseo de restaurar la belleza de la arquitectura clásica se unió un primer intento por recuperar también el espíritu de los antiguos juegos deportivos helénicos. Es en ese contexto cuando aparece la figura de Evangelista Zappas, un nacionalista que había participado en la guerra de independencia griega, y que fue el primero en organizar unos juegos deportivos, antecedente inmediato de los modernos juegos olímpicos. Organizó así en 1859 los llamados I Juegos Panhelénicos, cuyas competiciones, que incluían distintas carreras, subida a la cuerda, lanzamiento de disco y pruebas de gimnasia, se celebraron en el centro de Atenas. Zappas moriría seis años después, pero legó buena parte de su fortuna para que se restaurara el viejo estadio Panathinaiko y pudieran celebrarse allí nuevas ediciones de Juegos como los celebrados en 1859. Lo cierto es que el dinero no su utilizó para ese fin, sino que se invirtió en la construcción de una escuela de gimnasia que fomentara la formación deportiva de las nuevas generaciones de atenienses. De ahí vino precisamente la construcción del Palacio Zappeion en honor de su mecenas, hoy muy próximo al estadio (en medio de los Jardines Nacionales) y que en la actualidad se dedica a centro de reuniones y actos institucionales y privados. El estadio por tanto seguía sin restaurarse y apenas excavados sus restos, si bien permitió que se organizaran allí las competiciones de las ediciones de los juegos de 1870, 1875 y 1889, que ya entonces empezaron a llamarse olímpicos, y que fueron un completo fracaso.
El verdadero proceso de restauración de todo el conjunto arqueológico se produjo finalmente en el contexto de la recuperación definitiva de los Juegos Olímpicos por parte del barón Pierre de Coubertain. La idea de convertir el estadio en la sede oficial de los I Juegos Olímpicos de la era moderna en 1896, y sobre todo el generoso donativo del industrial griego George Averoff, hicieron posible la reconstrucción del viejo estadio por parte de los arquitectos Anastasios Metaxas y Ernst Ziller, que recuperaron además todo el esplendor del mármol pentélico que cubre todo el graderío.
Hoy es un hermoso lugar digno de su ciudad, que concentra en su espacio blanco y negro (blanco del graderío en mármol y negro de sus pistas antes de ceniza y ahora de tartán) esa magia especial que envuelve a toda la ciudad clásica, en este caso cargada de amor a la belleza clásica y amor al deporte.

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Panatinahikos0000Dos fotos de 1874 y 1910 respectivamente, en las que puede verse el estadio (detrás del Olimpeion) aún sin restaurar en la primera y ya reconstruido en la segunda.
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Panatinahikos00Antes y durante la restauración.

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