Sabías que… Florencia, una ciudad golpeada por la tragedia

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Si hay una ciudad en el mundo sinónimo de grandeza artística y patrimonial, probablemente sea la italiana Florencia. La densidad de obras de arte de primerísimo nivel, especial pero no únicamente del Renacimiento, resulta espectacular.

Se calcula que más de diez millones de turistas visitan cada año Florencia, llenando sus calles de un bullicio permanente. La catedral, el Ponte Vechio, la plaza de la Signoría, la Academia o los Uffizi son algunos de sus puntos de interés más significativos.

De sobra es conocida la tormentosa historia de la ciudad de Florencia en el periodo en el que, paradójicamente, mayor resultó su creatividad artística. Los siglos XV y XVI estuvieron plagados de enfrentamientos, conspiraciones y revueltas que contrastan con la serenidad de la magnífica ciudad a la que se estaba dando forma.

Sin embargo, los visitantes de Florencia no siempre conocen las dos grandes tragedias que han afectado a la ciudad a lo largo del siglo XX y que, al menos en parte, justifican algunas zonas de la trama urbana en la que los edificios históricos se levantan en entornos de construcciones mucho más modernas. Estos acontecimientos dramáticas fueron la Segunda Guerra Mundial y el desbordamiento del Arno en 1966.

La Segunda Guerra Mundial parecía ser ajena a la ciudad de Florencia y sus habitantes hasta bien avanzado el conflicto. De manera tácita, aunque nunca formalizada, los contendientes parecían querer respetar al patrimonio artístico y monumental de la capital toscana. Todo cambio a partir del 25 de septiembre de 1943, cuando una escuadrilla de aviones aliados bombardeó zonas estratégicas de las líneas y estaciones ferroviarias florentinas. 

Durante los meses siguientes continuaron y se intensificaron los ataques, que siempre parecían querer mantener al margen las zonas de mayor riqueza patrimonial. Pese a ello, algunas bombas cayeron, por ejemplo, en el entorno de la iglesia de la Santa Croce. Especialmente castigados resultaron algunos barrios periféricos de la ciudad como el del Campo de Marte.

A los efectos destructivos de los bombardeos aún habría de sumarse otro muy llamativo. Con las tropas aliadas a las puertas de la ciudad, el 3 de agosto de 1944, los ocupantes alemanes de la ciudad decidieron volar todos los puentes de Florencia como forma de retrasar el avance aliado. Entre ellos se contaba, por ejemplo, el Puente de la Trinidad construido por Bartolomeo Ammanati a medidados del siglo XVI y que unía las principales arterias de la ciudad medieval.

Sólo un puente se salvó de la operación: el Ponte Vecchio. Seguramente por su extraordinaria belleza no fue dinamitado sino que se optó por impedir su acceso derribando completamente los edificios y barrios aledaños. Esto explica el motivo de que el Ponte Vecchio sea el único original de la actual ciudad de Florencia y que, sin embargo, el entorno medieval que lo flanqueaba haya sido sustituido por construcciones modernas.

Si quieres tener una información más amplia sobre los daños provocados por la Segunda Guerra Mundial en Florencia, pulsa AQUÍ.

 Apenas veinte años después de finalizada la Segunda Guerra Mundial, la ciudad de Florencia había recobrado todo su esplendor. Las zonas devastadas por los bombardeos se habían recuperado respetando las líneas generales de su estado anterior. El turismo comenzaba a ser un fenómeno de masas y el interés por el arte la habían convertido en un referente de los estudiosos de todo el mundo. Sin embargo, una segunda tragedia, en esta ocasión de origen natural, le iban a asestar un durísimo golpe.

Durante el otoño de 1966 todo el norte de Italia, y en concreto la Toscana, sufrieron un fuerte temporal de lluvias que se agravó a comienzos del mes de noviembre. El día 4 de aquel mes, el Arno, el río que cruza y vertebra la ciudad, experimentó una violenta crecida que le llevó a desbordarse e inundar buena parte de la ciudad, incluida su zona histórica con una enorme avalancha de agua y fango. Treinta y cuatro personas fallecerían como consecuencia de la crecida. 

Aunque durante los días anteriores los florentinos habían tratado de proteger aquellas obras de arte que creyeron amenazadas no fue posible ponerlas todas a buen recaudo. La zona más afectada por la inundación fue la de la iglesia de la Santa Croce, donde las aguas llegaron a superar los cinco metros de altura. Como resultado, esta joya del gótico italiano sufrió gravísimos desperfectos, en especial en una de sus piezas más representativas: el Crucifijo de Cimabue que quedó prácticamente destruído. También el Ponte Vecchio, sobreviviente de la última gran guerra, sufriría importantes desperfectos.

Una gran cantidad de cuadros, esculturas, pinturas murales, libros y documentos quedaron gravemente dañados. Para comprender la magnitud del desastre resulta interesante el documental grabado por la RAI en aquellas fechas del que puedes ver este breve fragmento.

Por fortuna, todas las desgracias pueden tener un lado positivo. Tras la inundación del Arno, miles de jóvenes italianos y de otros países, acudieron espontáneamente a la capital toscana con un único objetivo: salvar los tesoros artísticos de Florencia. Durante meses, sufriendo la humedad y el frío, realizaron las primeras obras de conservación y recuperación de las obras de arte dañadas por la avalancha. Se les llamó los Ángeles del fango y gracias a ellos todavía podemos disfrutar de muchas de las grandes joyas del Renacimiento italiano. 

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