El lienzo

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N. Poussin: “Orfeo y Eurídice”.

 

El lienzo es un soporte pictórico que utiliza la tela como material, normalmente de lino o de algodón. La tela debe tensarse sobre un soporte duro, que al principio eran tablas de madera y que posteriormente se sustituiría por un bastidor, es decir, un marco de madera al que se fija la tela por medio de cordeles y de cuñas en las esquinas. Una vez terminada, la pintura puede desprenderse del bastidor y enrollarse para su transporte.

La utilización del lienzo supuso una verdadera revolución, porque gracias a ello la pintura dejó de ser un objeto grande y pesado o inmóvil sobre una pared, para convertirse en una obra transportable. En la Edad Media se utilizó pero muy poco, siendo a partir del S. XV y sobre todo en Venecia a partir del S. XVI, cuando cobra protagonismo. En la ciudad de los canales la humedad ambiente contribuía al rápido deterioro de los frescos, por lo que se introdujo la opción de colgar lienzos sobre los muros, que se conservaban mucho más. En otras zonas, el lienzo se impuso poco a poco por razones de mercado, pues al poderse enrollar, también podía transportarse con mucha más facilidad. Es conocido el caso de Poussin que aunque estaba establecido en Roma vendió muchos de sus cuadros a coleccionistas franceses, lo que no hubiera sido posible si el soporte hubiera sido otro.

El lienzo como tal requiere una preparación previa, que se denomina imprimación, para que la pintura no se mezcle directamente sobre la tela. Consiste en aplicar una finísima película en varias capas de diferentes productos (carbonato de plomo, aceite de linaza, carbonato cálcico y más recientemente, óxido de zinc o glicerina) que al final configuran una superficie blanca y lisa sobre la que pintar. Este trabajo era mucho más meticuloso y laborioso en la pintura del Renacimiento, el Barroco o el Neoclasicismo que en la actualidad, porque entonces se procuraba ocultar lo más posible la textura de la tela.

Los pintores del S. XV utilizaron una tela finamente tejida, denominada tela rensa. Los del S. XVI, especialmente los venecianos prefirieron el tejido cruzado de espigas o espinas de pez, de aspecto en general más tosco, pero sobre el que la pincelada adquiere más grosor y por ello mayor fuerza expresiva.

La pintura al lienzo suele tener forma rectangular porque los bastidores suelen tener ese formato, aunque también se ha utilizado la estructura redonda, dando lugar a los denominados tondos.

Sobre lienzo se ha pintado preferentemente al óleo, sobre todo desde el Renacimiento hasta el S. XX, aunque también se ha utilizado sobre él la técnica al temple y recientemente el acrílico.

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