Sabías que…Las curiosidades del Jinete Rampín

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El llamado Jinete Rampin es en realidad un Kuró montado a caballo, y por tanto la muestra de un jinete más antigua conservada.

La pieza cuenta también con otras curiosidades: la cabeza de la escultura fue hallada en la llamada Fosa persa, un yacimiento en plena Acrópolis donde se enterraron con devoción muchas reliquias antes de que los persas destruyeran el entorno sagrado en el 480 a.c. La cabeza quedaría en propiedad del coleccionista francés Georges Rampin, que la donaría al Museo del Louvre en 1896, y daría además el nombre a la pieza. Pero si la cabeza se había hallado en 1877, unos años más tarde, en 1886, se descubriría un tronco y un caballo, que el arqueólogo británico Humphry Payne relacionó con la cabeza que se había descubierto anteriormente. Por ello mismo en la actualidad la cabeza se sigue conservando en el Museo del Louvre, mientras que el cuerpo y el caballo se encuentran en el Museo de la Acrópolis, a los que se les ha añadido una réplica de la cabeza original.

En la famosa Fosa donde se encontraron estas obras se hallaron también otros restos que tal vez pudieron formar un grupo escultórico con ellas, pues se trataba al parecer de otro caballero, aunque tal vez se tratara sin más de otros presentes ofrecidos a Atenea que se acumularon en este lugar.

El Jinete Rampín o Caballero Rampín es una muestra perfectamente conservada de la estatuaria arcaica griega, concretamente de una fecha tan lejana como la primera mitad del S. VI a.c., lo que la hace todavía más valiosa. Como hemos dicho se trata en realidad de un Kuró, pues es al fin y al cabo un exvoto religioso de un efebo, que además responde a la estética de estas obras. No obstante hay también en el aspecto plástico algunas singularidades en esta pieza, pues por ejemplo la posición del cuerpo en relación al caballo, y la cabeza ligeramente girada, rompen la característica frontalidad de los kurós. Por otra parte, la imagen habitual de un joven imberbe se sustituye ahora por la de una persona adulta y barbada. Por eso es por lo que algunos especialistas consideran que se trata en realidad de un retrato, un retrato a caballo, que si además se pone en relación con la otra figura también a caballo encontrada en el mismo yacimiento se identificaría como la representación de los hijos del tirano Pisístrato, ambos verdaderos caballeros en el sentido etimológico de la palabra, los llamados Hipias e Hiparco, por cierto, los mismos que trataron de asesinar los tiranicidas, posteriormente inmortalizados en la escultura de Kritio y Nesiotes.

Más allá de su iconografía, lo cierto es que el Jinete Rampín es una pieza de gran perfección en la talla, de rostro muy cuidado en las facciones y de una belleza sutil en la simetría del rostro y en su labra delicada, que sólo amanera la típica sonrisa forzada tan característica también de los kurós arcaicos. Sorprende además su escaso esquematismo en los detalles, lo que acentúa su realismo y su belleza.

Como también es habitual, el cabello está trabajado en detalle a base de profusos tirabuzones, rizos y bucles, prendidos por una cinta a modo de guirnalda de vencedor, no se sabe si de roble (en cuyo caso lo relacionaría con los juegos délficos), si de apio (símbolo de la victoria en los juegos nemeos) o de olivo (que lo sería de los olímpicos).

 

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