Salomé

000 Salome_Beardsley

 

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“[…]

IOKANAAN:  ¡Atrás, hija de Sodoma!  No me toquéis. No profanéis el templo del Señor.

SALOMÉ: Tus cabellos son horribles. Cubiertos de fango y de polvo. Como una corona de espinas colocada sobre tu frente. Como un nudo de negras serpientes que se enroscan alrededor de tu cuello. No me gusta tu cuello. No me gustan tus cabellos. Es tu boca la causa de mi amor, Iokanaán. Tu boca es como una cinta escarlata sobre una torre de marfil. Como una granada cortada por un cuchillo de marfil. Las granadas que florecen en los jardines de Tiro y son más rojas que las rosas no son tan rojas como tu boca. El rojo griterío de las trompetas que anuncian la llegada de los reyes y amedrentan al enemigo no es tan rojo como tu boca. Tu boca es más roja que los pies de los que pisan el vino en los lagares. Es más roja que los pies de las palomas que habitan en los templos y son alimentadas por los sacerdotes. Es más roja que los pies del hombre que viene de un bosque donde ha dado muerte a un león y ha visto tigres dorados. Tu boca es como una rama de coral que han hallado unos pescadores en el crepúsculo marítimo y que reservan para los reyes. Tu boca es como el bermellón que los moabitas encuentran en las minas de Moab y que les es arrebatado por los reyes. Tu boca es como el arco del rey de los persas, pintado de bermellón y con cuernos de coral. Nada en el mundo es tan rojo como tu boca… Déjame besar tu boca.

IOKANAAN:   ¡Jamás, hija de Babilonia!  Hija de Sodoma, ¡jamás!

SALOMÉ:    Besaré tu boca, Iokanaán. Besaré tu boca.

[…]”

(Oscar Wilde: “Salomé”. Londres, 1894) (Imagen cabecera: ilustración del dibujante Aubrey Beardsley para la obra de teatro “Salomé”)

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