San Bernardo versus Suger: ideales contrapuestos de belleza.

SanDenis06

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El otro día comentábamos en el texto monográfico dedicado a la abadía de Saint Denis que su principal mentor, el abad Suger, impone su concepto de la belleza estética por oposición a las ideas de San Bernardo. Si éste había defendido el ascetismo artístico, en un ideal casi iconoclasta, para que el lujo y la ostentación no interfirieran en el camino hacia Dios, Suger por el contrario aboga por la utilización del arte con todo su esplendor y belleza como la mejor forma de honrar a ese mismo Dios. Dos opiniones contrapuestas pero que en realidad expresan una dialéctica universal en la historia del arte, la de la belleza como mero vehículo de espiritualidad o la de la belleza como un valor espiritual en sí mismo, y que ya había tenido sus diatribas en la crisis iconoclasta bizantina y en la propia iconoclastia del arte musulmán.

Veamos ahora cómo defienden ambos religiosos sus tesis con sus propias palabras:

“Pero en el claustro, bajo los ojos de los hermanos que allí leen, ¿qué provecho se saca de esos monstruos ridículos, de esas maravillosas y deformadas lindezas, de esa linda deformidad? ¿Para qué están ahí esos sucios monos, esos fieros leones, esos monstruosos centauros, esos medio hombres, esos tigres a rayas…? Ahí se ven bajo una sola cabeza muchos cuerpos, o también muchas cabezas con un único cuerpo. Aquí te encuentras bestias de cuatro patas con cola de serpiente; y allí un pez con cabeza de bestia…En resumen, las variedades de formas diferentes que hay por todos lados son tantas y tan maravillosas, que nos sentimos más tentados a leer en el mármol que en nuestros libros, y a pasarnos el día entero asombrados por estas cosas raras que a meditar la ley de Dios. ¡Por el amor de Dios! Si los hombres no se avergüenzan de estas locuras, ¿por qué al menos no condenan el gasto que significa?”

SAN BERNARDO: Apología ad Guillelmum.

“Así cuando (deleitándome en la belleza de la casa de Dios) el encanto de gemas multicolores me ha arrancado de inquietudes externas, y la sincera meditación me ha inducido a reflexionar sobre las diversas virtudes sagradas, transfiriendo lo material a lo inmaterial; entonces, me parece verme a mí mismo, por así decirlo, morando en alguna extraña región del universo que no existe totalmente ni en el fango de la tierra, ni está enteramente en la pureza del cielo; y así por la gracia de Dios, puedo pasar de este mundo inferior a aquél superior, por vía analógica.

(…) Una cosa, lo confieso, me ha parecido siempre preeminentemente digna, y es que todo objeto costoso, todo objeto de gran valor debería servir por encima de todo para la administración de la Sagrada Eucaristía.

(…) Los detractores oponen que un espíritu santo, un alma pura (…) deberían ser suficientes para esta función sagrada y nosotros también afirmamos explícita y expresamente que esto es lo esencial (…) Pero nosotros declaramos que debemos rendir homenaje además por medio de los ornamentos exteriores.”

SUGER DE SAINT DENIS: Liber

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