Sobre el mosaico bizantino

SanApolinarNuevo0

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“Esta pintura ilustra el tema evangélico según el cual Cristo alimentó a cinco mil personas con cinco panes y dos peces. Un artista helenístico habría aprovechado la oportunidad para representar una gran masa de gente formando una escena alegre y teatral. Pero el maestro de aquellos días eligió un método muy diferente; su obra no es un cuadro realizado con hábiles pinceladas; es un mosaico, laboriosamente reunido, de pequeños tacos de cristal de coloración intensa y vigorosa que comunica al interior de la iglesia, de tal modo adornada, un aspecto de esplendor solemne. La manera en que el tema se halla expresado muestra al espectador que algo misterioso y sagrado está sucediendo. El fondo se halla realizado mediante vidrios dorados, y sobre él no se ha colocado una escena realista o naturalista. La serena y apacible figura del Cristo ocupa el centro del mosaico. No es el Cristo barbado que conocemos, sino el hombre joven de largos cabellos que vivió en la imaginación de los cristianos primitivos. Lleva una túnica de color púrpura y extiende sus brazos en actitud de bendición hacia ambos lados, donde se encuentran dos apóstoles ofreciéndole los panes y los peces para que realice el milagro. Los apóstoles llevan los víveres con las manos cubiertas, tal como era costumbre en aquel tiempo que los súbditos llevaran sus tributos a sus señores.

La escena parece en realidad una solemne ceremonia. Observamos que el artista ha conferido una profunda significación a lo representado por él, en cuyo sentir no se trataba tan sólo de un raro milagro acaecido en Palestina algunos siglos antes, sino del símbolo y la señal del poder «permanente» del Cristo que había tomado cuerpo en la Iglesia. Esto explica, o ayuda a explicar, la razón por la cual el Cristo mira fijamente al espectador: es a él a quien el Cristo alimentará. A primera vista, una representación semejante parece envarada y rígida; no hay nada en ella del dominio del movimiento y la expresión que constituyó el orgullo del arte griego, y que persistió durante la época romana. La manera de estar colocadas las figuras en posición estrictamente frontal casi nos recuerda algunos dibujos infantiles. Y sin embargo, el artista debió conocer perfectamente el arte griego; sabía exactamente cómo colocar un manto sobre un cuerpo para que las manos ocultas quedaran visibles a través de los pliegues; sabía cómo mezclar piedras de diferentes formas en su mosaico para producir las coloraciones del cuerpo o del celaje; acusaba las sombras sobre el suelo y no hallaba dificultad alguna en representar los escorzos. Si el cuadro nos parece más bien primitivo, esta sensación debe obedecer a que el artista quiso ser sencillo. Las ideas egipcias acerca de la importancia de la claridad en la representación de todos los objetos cobraron nuevamente gran fuerza por la marcada dirección que hacia esa misma claridad imprimía la Iglesia. Pero las formas que emplearon los artistas en este nuevo esfuerzo no fueron las simples del arte primitivo, sino las evolucionadas de la pintura griega. De este modo, el arte cristiano del medievo se convirtió en una curiosa mezcla de métodos primitivos y artificiosos. El poder de observación de la naturaleza, que vimos despertar en Grecia alrededor de 500 a.e., volvió a velarse hacia 500. Los artistas ya no cotejaron sus fórmulas con la realidad; ya no se dedicaron a realizar descubrimientos acerca de cómo representar un cuerpo, o crear la ilusión de profundidad. Pero lo descubierto antes no se perdió para siempre”.

E. Gombrich: “Historia del arte”

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