Taj Mahal

El Taj Mahal es una de los ejemplos más  característicos de lo que se ha dado en llamar arte indomusulmán. Los musulmanes conquistan parte de la India alrededor del S. XI, lo que impuso buena parte de su religión y su cultura en la zona a pesar de que nunca llegó a establecerse ni una unidad territorial, ni política en la India por parte ni de ellos ni de mongoles o turcos.

La fusión cultural y artística entre lo hindú y lo musulmán no fue fácil que cuajara si tenemos en cuenta el abismo que separa sus criterios religiosos: el templo hindú es la morada del dios, mientras la mezquita musulmana es en cambio un lugar para la oración, difícilmente se podían adaptar los templos hindúes a esa nueva función religiosa; el Islam es monoteísta y rechaza la representación en imágenes de Alá y por ello prefiere las decoraciones abstractas de tipo geométrico; por el contrario, el arte hindú se complace en su politeísmo y en la representación de todo su interminable repertorio de divinidades, santos, ninfas, genios, etc. El arte hindú es realista y además es curiosa pero muy notable la importancia de la temática sexual, que sólo podía repugnar a la mentalidad musulmana. Demasiadas diferencias para que se diera un arte de síntesis, que aún así terminó por fusionarse en lo que llamamos precisamente arte indomusulmán, del que como hemos dicho, el Taj Mahal es su ejemplo más representativo.

Probablemente se trate del mausoleo más famoso del mundo. El que mandó construir Sah-Yahan para su esposa Muntaz-i-Mahall, que le dio catorce hijos y a la que se ve que debía querer muchísimo a la vista del derroche que supuso su construcción. No se reparó en gastos ni en creatividad en este imponente mausoleo, todo él construido a base de mármoles blancos de Rajasthan y decorado con incrustraciones de lapislázuli, malaquita, turquesas y todo tipo de piedras preciosas y semipreciosas, traídas de todos los rincones del continente.
Mahal00
Estructuralmente se dispone en una planta octogonal, alusión a los ocho paraísos del profeta Mahoma y está recubierto con una inmensa cúpula bulbosa que también hace alusión a la bóveda celeste. Predominan por tanto los simbolismos musulmanes, pero aún más los elementos formales de tradición islámica y más concretamente los que se han desarrollado en el mundo iranio, con ejemplos similares a los de la gran mezquita de Masyid i-Yuma de Isfahan: no sólo la mencionada cúpula bulbosa, sino el pórtico de entrada a modo de iwan, los arcos aquillados de los distintos vanos, las celosías cubriendo huecos, y por supuesto, los cuatro alminares que encuadran el perfil del edificio.

El sepulcro se encuentra en el centro del mismo, colocándose años más tarde a su lado el de su marido, al que podemos considerar no sólo el promotor, sino el auténtico artífice del edificio, pues fue él antes que sus numerosos arquitectos, quien ideó, diseño, y dirigió a pie de obra el trabajo de sus miles de obreros.

Se completa el complejo con toda una serie de efectismos espectaculares, en los que participan el rumor de los cursos de agua, la vegetación de los jardines, y plantas y animales variados, que ciertamente dejan al espectador boquiabierto ante una obra colosal, que de tan perfectamente conservada, parece retrotraernos a las épocas antiguas de las grandes construcciones monumentales que aún no habían sucumbido a la ruina del paso del tiempo.

Be the first to comment on "Taj Mahal"

Deja un comentario.

Tu dirección de correo no será publicada.


*