Tales de Mileto

000 Mileto vista

 

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“Una de las primeras ciudades que los griegos fundaron en la costa del Egeo fue Mileto. Llegaron primeramente, en calidad de pioneros, los veteranos de la guerra de Troya. […]. Los griegos, cuando hacían apoikia, es decir, cuando ponían su casa en el extranjero, trataban a los antiguos inquilinos de modos diversos, que no eran jamás, empero, muy tiernos. En Mileto, por ejemplo, dado que llegaron solteros, usaron aquello de matar del primero al último a los hombres y casar con las viudas… Y cuatro siglos después de aquel brusco cruce, ocurrido hacia el año 1000 antes de Jesucristo, Mileto era la ciudad más rica y evolucionada del mar Egeo. Como siempre, empezó haciéndose gobernar por un rey, después por la aristocracia, y por fin por la democracia, que degeneró en la consabida dictadura.

En el año 600, el dictador de turno se llamaba Trasíbulo, tirano prepotente, pero inteligente, bajo el cual Mileto convirtióse en capital, no sólo de la industria (sobre todo textil) y del comercio, sino también del arte, la literatura y la filosofía. La colonia había fundado a su vez otras ochenta colonias en la costa y en las islas circundantes, y en todo el mundo griego se hablaba de ellas con acento escandalizado por la riqueza, la libertad y el lujo que disfrutaban. Mientras en el continente la ciencia se confundía aún con la mitología y había quedado en lo que enseñaron Homero y Hesíodo, en Mileto había ya quien jubiló a los dioses con sus leyendas, y fundó sobre bases experimentales la primera escuela filosófica griega, la naturalista.

Era un llamado Tales, que nació en 640 a. C. de una familia no griega, sino fenicia. De niño tuvo reputación de divertido y zángano porque estaba siempre distraído e inmerso en sus pensamientos; tanto que, a menudo, no sabía dónde metía los pies, y un día se cayó por las buenas dentro de un foso, provocando la hilaridad de sus ciudadanos que le consideraban como un inútil. Tal vez también porque, herido en su orgullo por aquellos sarcasmos, Tales, años más tarde, se metió en la cabeza demostrar a todos que, si quería, también él sabía ganar dinero. Compró en invierno, cuando los precios eran bajos por falta de demanda, todas las almazaras que había en la isla para el aceite. Tales, estudioso y competente en astronomía, había previsto un buen año y una cosecha de aceituna favorable. Su cálculos se confirmaron y en el otoño siguiente pudo imponer los precios que quiso, desquitarse de los que le habían escarnecido y acumular tanto patrimonio como para vivir de rentas y dedicarse enteramente al estudio.

Del científico tenía la curiosidad, la capacidad de observación y el espíritu de intuición. Habiendo estado en Egipto para ponerse al corriente de los progresos que allí habían hecho las matemáticas, aplicó los resultados calculando la altura de las pirámides, que nadie sabía, con el método más sencillo y expeditivo: midió su sombra sobre la arena en el momento que él mismo proyectaba una de la misma longitud que su cuerpo. E hizo la proporción. Bastante tiempo antes de que Euclides, padre de la geometría, viniese al mundo, Tales había formulado ya buena parte de los principales teoremas sobre los que se basa la ciencia. Por ejemplo que los ángulos de la base de un triángulo isósceles son iguales; que son otro tanto iguales dos triángulos que tienen en común dos ángulos y un lado; que los ángulos opuestos, formados por el cruce de dos rectas, son también iguales.

Tales era un hombre de carácter tranquilo y bondadoso, que procuraba enseñar a razonar correctamente a sus conciudadanos, pero no se indignaba cuando aquéllos no le comprendían o se reían francamente de él. Para ellos fue una gran sorpresa el día que los otros griegos le incluyeron en la lista de los Siete Sabios al lado de Solón. Cuando le preguntaron cuál era la empresa más difícil para un hombre, dijo: “Conocerse a sí mismo”. La única cosa que le hacía olvidar la filosofía era el deporte. Tales era un hincha rabioso que no perdía un espectáculo en el estadio y allí murió viejísimo, durante una competición de atletismo, acaso de dolor al ver perder a su “equipo del corazón”.

(Indro Montanelli: “Historia de los griegos”. 1963)

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