Tan hermoso como…

000 Ernst Mujer Cien Cabezas

000 Ernst Mujer Cien Cabezas

“Aunque no lo reconoce en el Manifiesto, el automatismo también debe mucho a los médiums y su “escritura automática”, y esto es traicionado cuando Breton subraya la pasividad del sujeto: “en nuestro trabajo nos convertimos en los receptáculos mudos de tantos ecos, modestos recursos de grabación”. Tanto Ernst como Dalí iban a destacar su pasividad delante de la obra, comparándose a sí mismo con médiums. No obstante, cuando los surrealistas hablan del “más allá” no tienen la intención de implicar lo sobrenatural, sino cosas que están más allá de los límites de la realidad inmediata, pero que podemos revelárnoslas mediante nuestro inconsciente o nuestros sentidos en un estado de sensibilidad aumentada. […]

La imagen surrealista nace de la yuxtaposición fortuita de dos realidades distintas y de la chispa encendida por su encuentro depende su belleza, cuanto más diferentes son los términos de la imagen, más brillante será la chispa. Esta clase de imagen, creía Breton, podía no ser premeditada; el ejemplo más perfecto, que empezaron a hacerlo para rivalizar y se convirtió en su lema, fue “tan hermoso como el encuentro casual en una mesa de disección de una máquina de coser y un paraguas”.

Bretón admitió que su propia imaginación era sobre todo verbal, pero reconoció la posibilidad de las imágenes visuales de esta clase. De hecho ya existían en los collages de Ernst, y en 1921 Breton escribió un prefacio a una exposición de Ernst en el cual las describía en términos muy similares a los que más tarde usó para describir las poéticas imágenes surrealistas. Estos collages dadaístas ya prometían el osado dépaysement [descontextualización o desarraigo] de la serie de grabados posterior de Ernst La mujer de 100 cabezas [imagen de cabecera] y Una semana de bondad, que de verdad corresponden al surrealismo.

Las artes plásticas son, en cierto sentido, auxiliares del surrealismo, cuyos intereses principales eran la poesía, la filosofía y la política, aunque en realidad fue a través de ellas que llegó a ser conocido por un público amplio. En las artes visuales el surrealismo fue uno de los más voraces de todos los movimientos modernos al incluir en sus filas el arte de los médiums, los niños, los lunáticos, los pintores naïves junto con el arte primitivo, que reflejaba su creencia en su propio “primitivismo integral”. Jugaban a juegos de niños, como los “cadáveres exquisitos”, en que cada participante dibuja una cabeza, un cuerpo o unas piernas y luego dobla el papel, de modo que su contribución no puede verse. Las extrañas figuras que resultaban proporcionaron inspiración a Miró para sus pinturas.”

(En: Dawn Ades: “Dadá y Surrealismo”. 1974.)

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