Templo de Apolo en Delfos

Los restos actuales del templo de Apolo en el santuario de Delfos se levantaron en el S. IV a.C sobre el solar de un templo anterior del S. VI a.C, que a su vez se había construido sobre otro del S. VII a.C.
El primero se relaciona con las figuras míticas de Trofonio y Agamedes, dos hermanos a los que el Oráculo había ordenado su construcción. A cambio, cuando lo terminaran podrían hacer cuanto quisieran durante seis días, y cuando llegara el séptimo su mayor deseo les sería concedido. Así lo hicieron, pero al llegar el séptimo día aparecieron muertos, porque “aquellos a los que aman los dioses mueren jóvenes”.
Destruido por un incendio alrededor del 548 a.C, se levantó un segundo templo a finales ya del S. VI a.C, hacia 510-505 a.C. Este es el conocido como “Templo de los Alcmeónidas” en honor de la familia ateniense que sufragó su construcción. De aquel segundo templo se conservan en el Museo de Delfos algunas esculturas de sus frontones.
Pero también quedaría destruido a comienzos del S. IV a.C, concretamente hacia el 373 a.C, probablemente como consecuencia de un terremoto. Ya este templo era de orden dórico y presentaría una estructura y dimensiones que se respetaría a la hora de volver a construir un nuevo edificio, el tercer templo de Apolo, que es del que quedan los restos que hoy podemos ver.
Terminado a finales del S. IV a.C, hacia el 330 a.C, fue diseñado por los arquitectos corintios Espíntaro, Xenodoro y Agatón. Se trata de una edificación hexástila, períptera, de orden dórico, de la que en la actualidad solo queda la base del témenos y seis columnas parcialmente conservadas de la entrada.
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Su estructura y dimensiones eran las habituales: tres salas, pronaos, naos de tres naves y opistódomos, y un períbolo proporcionado de seis columnas en los lados menores y quince en los largos.
Estaba construido con toba y caliza gris, y revestido de estuco blanco imitando el mármol. La decoración escultórica de los frontones es obra de los atenienses Praxias y Andróstenes, pero solo se conserva una estatua de Dionisio, que se puede contemplar en el Museo. En la parte posterior de la naos se abría una escalera que bajaba al ádyton, lugar donde aparte de encerrarse la pitonisa, se hallaba también el ónfalos sagrado y el trípode que tapaba la hendidura por la que salían los vapores que inspiraban el oráculo.
El templo sería definitivamente destruido en el 390 por orden del emperador Teodosio.
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