Templo de Zeus Olímpico (Olimpeion de Atenas). Cosutio. S. II

Hablar del Templo de Zeus construido frente a la Acrópolis de Atenas, en la parte oriental de la ciudad, es hacerlo de unos de los templos más enormes y monumentales del arte griego, y de uno de los ejemplos más característicos de lo que fue la arquitectura helenística, en la que se combinan a partes iguales la grandiosidad de las construcciones orientales y los criterios básicos de la edilicia clásica.

Aunque el templo en origen no es de época helenística. Al parecer, la idea de construir un edificio de grandes dimensiones a los pies de la Acrópolis se produce en época de Hiparco, hijo del tirano Pisístrato, y como tal, tirano él también. Según Tucídides se trataba de un vulgar “fantoche” que se dedicaba al mecenazgo artístico, mientras el que gobernaba era su hermano Hipias. Sería asesinado por los tiranicidas Harmodio y Aristogitón, convertidos desde entonces en héroes de la libertad y precursores de las conquistas democráticas desarrolladas posteriormente por Atenas.

El caso es que en tiempos de Hiparco se construye un estilobato de más de 107 metros de largo por 43 de ancho, base o crepidoma de lo que había de ser a ese tenor un templo gigantesco. Pero al acabar su tiranía, al poco de comenzada la construcción, el proyecto quedó olvidado y lo poco edificado en ruinas.

Habría que esperar mucho tiempo para que se retomara el proyecto, concretamente al S. II a.C, en el contexto de la formación de los reinos helenísticos y durante el reinado del rey seleúcida Antíoco IV Epifanes de Siria. Un megalómano, obsesionado con el culto a Zeus Olímpico, del que se consideraba su personificación terrenal. Lo cual unido a sus aires de grandeza, le hizo fijarse precisamente en el templo ideado en Atenas. Así que contrató al arquitecto romano Cosutio para que continuara aquel viejo proyecto y culminara una empresa tan desmedida como ambiciosa. Porque no solo era mantener las dimensiones del crepidoma original, sino cubrir su espacio con 104 columnas  de casi 17 metros de alto cada una. Todas además de orden corintio, lo que también era una solución original e innovadora, pues nunca antes se había utilizado ese orden para exteriores y a una escala semejante. Las columnas habían de ser de mármol pentélico, y la estructura final había de quedar como la de un díptero, con las dos fachadas de tres filas (trípteras) de 8 columnas cada una. Por tanto y para resumir, se trataría de un templo díptero en los lados largos y tríptero en las fachadas, octástilo, de orden corintio.
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Pero tampoco pudo ser. A pesar del interés del pretencioso rey, la empresa era de tal dimensión que tampoco pudo terminarse y nuevamente el Templo de Zeus Olímpico de Atenas, o lo que se había construido de él, volvió a convertirse en una ruina.

Al final sería la filohelenia y el interés por el arte y la cultura del emperador romano Adriano lo que ya en el S. II le animó a retomar la obra dejada a medias hasta terminarla, eso sí, según las mismas directrices establecidas en su momento por Cosutio.

Y allí quedó, majestuoso e imponente, dominando la ciudad a las faldas de la Acrópolis. Pero, ¿durante  cuánto tiempo? Considerando sus medidas y la cantidad de material de primera calidad con el que se había construido es de suponer que se reaprovecharía muy pronto como cantera, y que dadas sus dimensiones no se utilizaría como iglesia cristiana, al contrario que otros templos clásicos, como por ejemplo los de la propia Acrópolis. Así que es más que probable que la llegada de la nueva religión y la repulsa al paganismo contribuirían a su progresiva destrucción.

Así que con el paso de los siglos se iría deteriorando progresiva e inexorablemente, hasta quedar como una preciosa ruina frente a la Puerta de Adriano, aquélla con la que los atenienses quisieron honrar al emperador que había concluido su templo.

Tan bonita, que en un curioso ejemplo de crítica de autenticidad hay que recordar que las columnas que habían sobrevivido de pie al paso del tiempo y buena parte de los tambores caídos de las columnas derruidas, sirvieron a mediados del S. XIX como un pintoresco café al aire libre en el que deleitarse de un paraje tan imponente y hermoso como plácido y apacible.

Más adelante, ya entre 1889 y 1896 sería excavado por el inglés Francis Penrose, posteriormente por arqueólogos alemanes, y ya más recientemente por especialistas griegos.

Olimpeion000 Foto de 1865 en el que vemos el templo convertido en un café al aire libre.

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