Teogonía

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“Y después de Gea y de Urano nacieron otros tres hijos, grandes, muy fuertes, horribles de nombrar: Coto, Briareo y Giges, raza soberbia. […] De todos los hijos nacidos de Gea y de Urano, eran los más poderosos. Y desde el origen fueron odiosos a su padre. Y conforme nacían, uno tras otro, los sepultó, privándolos de la luz, en las profundidades de la tierra. Y se alegraba de esta mala acción, y la gran Gea gemía, por su parte, llena de dolor. Luego, ella abrigó un designio malo y artificioso.

En cuanto hubo creado la raza del blanco acero, hizo con ella una gran hoz, avisando a sus queridos hijos los excitó y les dijo, con el corazón lleno de tristeza:

__ Queridos hijos míos, vástagos de un padre culpable, si queréis obedecer, tomaremos venganza de la acción injuriosa de vuestro padre, porque él fue quien primero meditó un designio cruel.

Habló así, y el temor los invadió a todos, y no respondía ninguno de ellos. Por fin, recobrando ánimo, el grande y sagaz Cronos dijo así a su madre venerable:

__ Madre, en verdad te prometo que llevaré a cabo esta venganza.

Habló así, y la gran Gea se regocijó en su corazón. Y le escondió en una emboscada, y le puso en la mano la hoz de dientes cortantes, y le confió todo su designio. Y llegó el gran Urano, trayendo la noche, y se tendió sobre Gea por entero y con todas sus partes, lleno de un deseo de amor. Y fuera de la emboscada, su hijo le cogió la mano izquierda, y con la derecha asió la hoz horrible, inmensa, de dientes cortantes. Y cercenó rápidamente las partes genitales de su padre, y las arrojó detrás de sí. Y no se escaparon en vano de su mano.

Gea recogió todas las gotas sangrientas que manaron de la herida; y transcurridos los años, parió a las robustas Erinnias y a los grandes Gigantes de armas resplandecientes, que llevan en la mano largas lanzas; y a la Ninfas que en la tierra inmensa son llamadas Melias.

Y las partes que había cercenado, Cronos las mutiló con el acero, y las arrojó desde la tierra firma al mar de olas agitadas. Flotaron mucho tiempo sobre el mar, y del despojo inmortal brotó blanca espuma, y de ella salió una joven. Y primero fue llevada ésta hacia la divina Citeres; y de allí, a Cipros la rodeada de olas.

Abordó a tierra la bella y venerable Diosa, y la hierba crecía bajo sus pies encantadores. Y fue llamada Afrodita, la Diosa de hermosas bandeletas, nacida de la espuma, y Citerea por los dioses y por los hombres. Afrodita, porque con la espuma fue alimentada, y Citerea, porque abordó a Citeres; y Ciprigenia, porque arribó a Cipros la rodeada de olas, y Filomedea, porque había salido de las partes genitales.

Eros la acompañaba, y el hermoso Imero la seguía, apenas nacida, en tanto que se presentaba a la asamblea de los Dioses. Y desde el origen, por elección de la Moira, tuvo el honor de presidir, entre los hombres y los Dioses inmortales, las entrevistas de la vírgenes, las sonrisas, las seducciones, el dulce encanto, la ternura y las caricias.”

(Hesiodo: “Teogonía”. Siglo IX a. C.)

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