Un día en las Termas (romanas)

TermasDiocleciano1

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“Además de los fervores y las delicias del calendario religioso, había otros placeres que no tenían nada de sagrado y que no se podían encontrar más que en la ciudad; formaban parte de las ventajas (commoda) de la vida urbana, o los procuraba el mecenazgo. Estos placeres eran los baños públicos y los espectáculos (teatro, carreras de carros en el Circo, combates de gladiadores o de cazadores de fieras en la arena del anfiteatro o, en país griego, en el teatro mismo). Baños y espectáculos eran de pago, al menos en Roma (la cuestión está mal conocida y debía depender de la generosidad de cada mecenas), pero el precio de entrada seguía siendo módico; además. Hombres libres, esclavos, mujeres y niños, todo el mundo tenía acceso a los espectáculos y a los baños, incluidos los extranjeros.

El baño no era una práctica de higiene, sino un placer complejo, como entre nosotros la vida de playa. Por eso, los filósofos y los cristianos se negarán a semejante placer; no caerán en la molicie de estar limpios y no irán a bañarse más que una o dos veces por mes; la barba sucia de un filósofo era una prueba de austeridad de la que podía sentirse orgulloso. No había mansiones ricas (domus) donde un baño no ocupara varias salas especialmente dispuestas, con una instalación de agua caliente bajo el suelo; ni una ciudad sin un baño público al menos y, si era preciso, sin un acueducto para alimentarlo, así como para dar agua a las fuentes públicas.

El gong (discus) que anunciaba la apertura de los baños públicos cada día era, dice Cicerón, más grato de escuchar que la voz de los filósofos en su escuela.

Por unas pocas monedas, la gente pobre acudía a pasarse horas enteras en un ambiente lujoso que era un homenaje que le tributaban las autoridades, el emperador o los notables. Aparte de las complicadas instalaciones de baños fríos y calientes, encontraba terrenos de paseo y de deporte o juego (el baño greco-romano era también un gimnasio. Los dos sexos se hallaban separados, al menos por regla general.

Las excavaciones de Olimpia permiten seguir la evolución de estos establecimientos a lo largo de más de siete siglos; al principio modestos edificios funcionales en los que había una piscina fría, bañeras de madera para baños calientes y un baño de vapor, las «termas» acabaron convirtiéndose en establecimientos de placer; según una conocida expresión, son, junto con los anfiteatros, las catedrales del paganismo. A partir de la época helenística, su función no es ya solamente la de permitir la limpieza, sino la de hacer posible un modo de vida deseable entre todos. La gran novedad (hacia el año 100 antes de nuestra era en Olimpia, y antes aún en Gortys de Arcadia) fue el calentamiento del sub-suelo e incluso de las paredes: ya no bastaba con calentar el agua de las bañeras y de una piscina; se proporcionaba a la multitud un espacio cerrado donde hacía calor. Por aquella época cuando, fuera cual fuese el frío, apenas se disponía en casa de otra cosa que el brasero y cuando, en invierno, las gentes se quedaban en casa abrigadas de ropa igual que en la calle, los baños eran el sitio al que se iba en busca de calor. Todo lo cual desembocará, en las termas de Caracalla, en una «climatización» de todo el edificio mediante circulación de aire. Segunda evolución: del edificio funcional al palacio de ensueño, donde las esculturas, los mosaicos, la decoración con pinturas y las arquitecturas suntuosas ofrecen a todos el esplendor de una mansión regia.

En una vida como aquella de playa estival artificial, el mayor placer seguía siendo el de sumirse en la multitud, gritar, encontrarse con unos y con otros, escuchar conversaciones, intervenir en hechos pintorescos que se convertirían en anécdota y convertirse en espectáculo de todos”.

Ariès,Ph & Duby,G: Historia de la vida privada.

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