Un Lichtenstein de Tintín

Tenía que ser. Uno de los cómic más famosos de la historia y el artista más famoso que ha hecho arte del cómic, tenían que unirse. Tintín y Roy Lichtenstein. Y así fue. En 1993 el novelista Frederich Tuten le encarga a Lichtenstein una portada para un libro en el que daba vida a un Tintín real que se enfrenta a los problemas de la sociedad actual. Hecha la portada, sería el empresario italiano Carlo Bilotti el que le pediría al pintor la misma obra pero en lienzo y en gran formato, convirtiéndose así este Tintín reading  en uno de sus obras más emblemáticas.
Tintín está cómodamente sentado en su sillón leyendo el periódico, como ocurre en tantas historietas, y como es igualmente habitual, Milú, le acompaña a sus pies igual de tranquilo y descansado. Al fondo, La danza de H. Matisse preside la estancia, en un guiño al arte contemporáneo que resulta así una curiosa ironía al gusto tradicional que Tintín ha demostrado a lo largo de su biografía gráfica. No podía faltar en medio de la escena una referencia al querido capitán Haddock, del que vemos su gorra sobre una mesilla. Eso sí, en medio de tanta serena complacencia, un ruido rasga el silencio (la onomatopeya del “crack”), al tiempo que una daga rasga el aire cruzando la habitación.
Una obra que aúna dos iconos, uno de la historia del cómic, y otro de la vanguardia artística de la segunda mitad del S. XX: un Tintín de Lichtenstein. ¡Qué más podemos pedir los tintinófilos amantes del arte pop!

Be the first to comment on "Un Lichtenstein de Tintín"

Deja un comentario.

Tu dirección de correo no será publicada.


*