Y sin Van Gogh no se suicidó…

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Campo de trigo con cuervos.  Vincent Van Gogh Museum. Amsterdam. Julio 1890.

Último cuadro pintado por Van Gogh antes de su suicidio, acontecido en ese mismo mes de 1890.

 

Si en su día Hans Kaufmann y Rita Wildegans ya pusieron en duda el episodio de la oreja de Van Gogh, considerando que no se la había amputado él mismo, sino que más bien había sido la consecuencia de una reyerta con Gauguin, que es quien en realidad se la habría cortado de un certero sablazo (L´Oreille de Van Gogh, Paul Gauguin y le pacte du silence), ahora otro nuevo trabajo de investigación sobre le pintor holandés (fuente inagotable de estudio como se puede comprobar) pone seriamente en duda que el pintor se suicidara.

Se trata de uno de los episodios más conocidos y legendarios de la vida de Van Gogh, porque además venía a simbolizar el corolario perfecto a una vida atribulada y desgraciada como había sido la suya. Pero ahora parece que no. Steven Naifeh y Gregory White Smith defienden en su reciente obra, Van Gogh. La vida (editorial Taurus), que lejos de suicidarse, a Van Gogh le mató un disparo fortuito procedente de la escopeta de unos jóvenes cazadores. No sólo eso, algunos psiquiatras ven ahora mucho más lógica esta muerte que el suicidio, dado su estado mental, que no era otro que el de una enorme voluntad de vivir y trabajar a pesar de las adversidades. Incluso se apoya la tesis también en algunas cartas en las que el pintor consideraba el suicidio una cobardía.

En cualquier caso, los autores no afirman nada categóricamente, simplemente consideran que “dado el peso de la evidencia, un disparo accidental es mucho más probable”.

Sin duda esta es la aportación más llamativa de la obra, pero sería injusto reducir el trabajo realizado sólo a esta anécdota. Se trata al parecer de un enorme esfuerzo de recopilación de datos, que enriquece la biografía del pintor con nuevos detalles, por ejemplo sobre su relación con su hermano Theo, así como sobre la vida y las ideas de Van Gogh. Al fin y al cabo se tata de dos investigadores que ya recibieron en su día el premio Pulitzer por su trabajo sobre Jackson Pollock, y que han estudiado minuciosamente los archivos familiares conservados con cientos de documentos.

No obstante, y como siempre pasa en estos casos, habrá que dejar que pase un tiempo para que se vayan asentando los nuevos descubrimientos y confirmando sus propuestas más significativas.

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